¿INMORAL?

Jesucristo Nuestro Señor dijo a sus discípulos: “Yo os digo que de toda palabra vana* que hablen los hombres, darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12: 36) -vana: entiéndase calumnia según los comentarios de la Biblia de Jerusalem.
Las sociedades están conformadas por individuos enfermos espiritualmente, atacados de todo tipo de pasiones, entre ellas la envidia, el orgullo, el resentimiento, y estas tres precisamente son las que, cuando echa raíces en el corazón del hombre, hacen que el individuo prisionero de ellas ponga a andar su lengua profiriendo todo tipo de comentarios calumniosos y chismes por causa de su despecho, unas veces creando o inventando, según la maldad que yace en sus propios corazones y otras veces usando aspectos verdaderos pero tergiversándolos, tal como lo hiciera Satanás cuando hablando a Eva manipuló el decreto de Dios para poner el error en el corazón de ella y llevarla a la perdición.
Este mismo mecanismo de pecado ocurre en nuestro tiempo cuando algunas personas por causa de su orgullo herido y llenos de envidia o resentimiento dan rienda suelta a su lengua sin reparar en las consecuencias de los chismes que lanzan en contra de sus semejantes, y en el momento de la ira, o incluso luego de ella, ofuscados en su rabia anhelan vehementemente la destrucción de aquella persona a la que consideran su enemigo o adversario, aunque antes hayan manifestado ser su más fiel amigo, del mismo modo como Judas antes de traicionar al Salvador.
Habiendo realizado el análisis previo, podemos fácilmente deducir que muchas de las acusaciones morales en contra de Vladyka Chrysóstomos no son más que maquinaciones deliberadas y perversas de algunas personas que en su momento tuvieron contacto con la Iglesia Ortodoxa del Ecuador/Metrópolis Ortodoxa Autónoma de Ecuador y Latinoamérica,  o que ven en esta comunidad cristiana un enemigo potencial en contra de sus intereses.
Recordemos que muchos son los llamados y pocos los elegidos, esto se repite a menudo en todos los monasterios y comunidades del mundo entero;  donde muchos se acercan a la Iglesia buscando un medio de obtener: el reconocimiento, el dinero, la formación o la manutención que en su vida civil nunca poseyeron, y no la verdadera vocación, por eso cuando alguno de estos es descubierto en su juego y echado, por la autoridad correspondiente, fuera del seno de la comunidad que debe proteger, fácilmente esa autoridad se convertirá en presa de la difamación y la desventura por causa del despecho de los antes mencionados farsantes.
Por esta razón todo aquel que aspira formar parte de los monjes o sacerdotes, será constantemente puesto a prueba por el Jerarca y los encargados, precisamente en obediencia, amor, paciencia honradez, veracidad, y sobre todo humildad, para lo cual existen obediencias (encargos o responsabilidades) que deben ser cumplidas dentro del Seminario o Monasterio, en horarios estipulados, con lecturas, dirección espiritual y la vivencia de pobreza y austeridad.
Es así que hemos tenido el caso de algún seminarista, sacerdote, u otro aprovechado al verse inconforme o descubierto, e interpelado por el Metropolita Chrysóstomos, no sin antes haber recibido las consabidas oportunidades de parte de él, con el objetivo siempre firme de mantener alejada de la comunidad a los hipócritas, vividores, embaucadores e inmorales, es sacado del seno de la iglesia a fin de salvaguardar la comunidad de toda ocasión de corrupción. Por ello es que nuestro Padre Jerarca Chrysóstomos actúa en beneficio del rebaño a él encomendado sin importar las dificultades que esto conlleve; además con el pleno conocimiento del cumplimiento de la palabra que dice: “el siervo no es mayor que su amo y si al amo han calumniado, insultado, perseguido y matado, mucho más lo harán con el siervo” (Cfr. Juan 15,20)
Otros tantos ya indispuestos por la envidia, debido al arduo trabajo pastoral y el crecimiento de la fe ortodoxa latinoamericana, solo se limitan a repetir las mismas calumnias dichas por los desertores incapaces de aceptar sus propias faltas y con ello aportan más al escándalo sin tener en cuenta que al hacerlo se hacen presas de sus propias palabras ante los Ojos y el Juicio de Dios. En fin, como nos instruye el Santo Evangelio: por todos ellos oramos, por los que conocemos que nos calumnian y tergiversan la verdad y por otros que ocultan su identidad, y aún así no caen en cuenta que con ello acumulan más brasas sobre sí mismos al instigar, falsamente a quienes actuamos tan solo como mensajeros y siervos de Aquel que nos ha enviado a juntar ovejas para su rebaño. (Cfr. Mateo 5, 38-48)
Por ello aclaramos que, con respecto a las falsas acusaciones de supuesto abuso a menores, el Metropolita Chrysóstomos nunca ha poseído ni ha administrado algún centro de estudios para niños o colegio, lo cual puede ser corroborado ante el Ministerio de Educación, organismo encargado de la aprobación de este tipo de institutos.
Además toda persona que desee investigar puede hacerlo a través de las instancias pertinentes solicitando un récord del Metropolita Chrysóstomos u otro miembro del clero o monje, y hallará que ningún proceso judicial ha sido jamás iniciado en su contra, sino ¿Cómo es posible que anden libremente y viajen sin ningún impedimento?
Toda persona que desee puede acercarse a la sede de la Iglesia Ortodoxa en el Ecuador donde realiza su labor el Metropolita Chrysóstomos y corroborar la conducta intachable hacia cada uno de los niños y jóvenes de la Iglesia, quienes siempre por recomendación del mismo Metropolita, deben estar supervisados, en compañía de sus padres y nunca solos.
Respecto a las acusaciones de homosexualidad es necesario primero ahondar en los reglamentos monásticos y verificar la usanza en la convivencia monástica y comprender como se debe obrar en el caso de los Obispos que por razones pastorales deban atender a fieles en las ciudades, el cual es el caso de la Metrópolis en Ecuador:
Conforme al Art. 9 Capitulo I del reglamento Monástico dice: “El Jerarca es el dirigente supremo de los monasterios, skitas y metoquions que pertenecen desde el punto de vista canónico a su jurisdicción. La Catedral Metropolitana tiene estatus canónico de monasterio.

Conforme al Art. 12 Capitulo I del reglamento Monástico dice: Según su función, cada monasterio o skita, a través de sus órganos de responsabilidad, tiene que:

a) Organizar su vida de tal forma que muestre una elevada existencia espiritual, una práctica de las virtudes cristianas, una devoción profunda durante el servicio religioso, un abundante apoyo espiritual y un ejemplo de vida cristiana, tanto por los que la comparten, como para los fieles. Para lo cual deberá disponer los espacios y reservarlos al uso que el jerarca considere sea el más adecuado.

b) Practicar oficios apropiados para la santidad del lugar, tanto para el provecho de los monjes como el de los fieles, mostrando amor, a través de sus buenos hechos, a la patria y al pueblo.

Conforme al Art 13 Capitulo I del reglamento Monástico dice: Con este propósito, en los monasterios, con la autorización de la autoridad eclesiástica, se organizaran:

a)      Clases de religión para orientación monástica y misionera, que tendrán lugar en cada domingo y fiesta, o la propuesta por el Higumen (o gerontisa), con la autorización del Jerarca. En otros días de la semana, inmediatamente después de las Vísperas.

Los tópicos serán presentados por el Higumen, por los monjes con estudios universitarios o en casos excepcionales, por algunos profesores de las escuelas teológicas dentro de la Metrópolis, a la propuesta del Higumen y con la autorización del Jerarca del lugar;

b) Talleres para pintura, escultura, tornería, platería eclesiástica, cruces, cerámica, sastrería, alfombras, bordado artístico, y desempeño de las labores domésticas como cocina y aseo.

c) Escuelas de canto eclesiástico y Seminarios Teológicos Monásticos, con la aprobación del Santo Sínodo.

Basándose en estos postulados y por el carácter misionero de las iglesias en Latinoamérica dependientes del Metropolita Chrysóstomos, y por no contar con terrenos a nombre de la iglesia, por economía eclesiástica, decoro y la administración más conveniente se ha dispuesto que:
Las aulas de clases y Seminario funcionen por el momento en el edificio a cargo del Monasterio de la Theosis (Monjas) donde además se halla la hospedería y la Iglesia de la Metrópolis y sus oficinas.
Los Monjes Rasóforos, Microschema y Megaloschema (de haberlos) vivan en una sola edificación conforme a la vida Monástica.
La edificación de vivienda del Metropolita donde además viven el Archidiácono o Archimandrita que tienen la obediencia de servirle en la atención de las necesidades de la vida monástica y doméstica, estará junto al monasterio de monjes pero separados para la oración, tranquilidad y reposo del Jerarca. (Esto es así por voluntad del Metropolita Chrysóstomos, pues en la mayoría de los casos de la Iglesia Ortodoxa, la Metropolis o Arzobispado están lejos de los monasterios y es una residencia aparte en la ciudad)
Las actividades exigidas en la vida espiritual no han sido de invención del Metropolita Chrysóstomos, sino de la Santa Tradición de la Iglesia Ortodoxa, razón por la cual muchos que no han podido adaptarse a las reglas de la convivencia han desertado, y no pudiendo hacer frente a su propia negligencia se justifican  en su proceder acudiendo a infamias y calumnias a fin de no ser puestos en evidencia como incapaces o desertores.
Muchos han pasado y no han dado la medida del llamado al servicio, la obediencia, la humildad, la paciencia; y al contrario han venido con infundadas pretensiones, y otros tantos lo harán en el futuro, así que no es de extrañarse nunca, que si alguien cumple verdaderamente con el Evangelio de Jesucristo una de las señales para reconocerlos será la persecución por parte de extraños y propios, así como también lo dicho por nuestro Señor: “Por sus frutos los conoceréis” y no, por las infamias los conoceréis, por lo tanto a quienes quieran discernir la verdad los exhortamos como lo hiciera Dios a sus discípulos, “venid y mirad”.